Eva remoloneaba en su causa. Son las 5:15 de la mañana. Camilo ya se fue a ver su ganado. El clima de la Patagonia, hace que comiencen bien temprano, los quehaceres, porque a las 7 de la tarde ya es de noche y hace frío, pero Eva hoy no tiene un buen día.
De sólo pensar en todo lo que le espera hasta la hora de regreso de Camilo, le da escalofríos. Y después cuando todos se acostaron, Eva no termina con sus labores hasta la medianoche.
La ropa, la comida, la huerta, 3 Km. de caminata de ida y de vuelta del colegio de los chicos y todo lo demás...-¿ para qué?- Si el único reconocimiento, que recibe es el beso de las buenas noches de sus cinco hombres, Camilo y sus cuatro hijos varones.
Algo tiene que cambiar. Sus mejores amigas todas ellas, al menos reciben un sueldo.
Flora, es la maestra del pueblo, Angélica, la peluquera, Beatríz le cuida la sacristía al padre Javier. Todas ellas tienen algún título de algo, y por eso reciben su platita.
Pero todas ellas, también, trabajan en sus cosas por nada. -¡Injusticia!-.
Son las 7, apenas si le revolea unos granos de maíz a las gallinas y levanta a los chicos, para ir 3 Km. de a pie, con la cabeza dada vuelta de locas ideas.
-¿Locas? ... de ninguna manera. Si todas las amas de casa nos pusiéramos en huelga ¿Qué harían los hombres?-
3 km. de regreso le alcanzaron a Eva para tomar una decisión que cambiaría el curso de su vida para siempre.
Reunión en la sacristía del pueblo, sus amigas y una docena de amas de casa más que logró apalabrarse Angélica, en la peluquería.
Camilo no entendía nada, pero quería a Eva y aunque estaba confundido con todas las cosas que ella enrredadamente le decía antes de salir, la apoyaba, y hasta le ayudo a pintar con las temperas de los chicos un cartel que decía “ UN SUELDO PARA LAS EVAS”.
Con el cartel colgado en la puerta de la Iglesia, que llamaba con fuertes campanadas a la reunión femenina, Eva dio su primer paso: proponer en el pueblo, la huelga de amas de casa.
Iban a quedarse ahí, hasta que el intendente las recibiera, pero para eso, elaboraron un petitorio, no poco serio, en donde solicitaban la ayuda de todo el pueblo, para ir a Buenos Aires, a conversar con el Ministro de Trabajo, reclamando ser escuchados.
Es un pueblo tan chico, la noticia corrió como todo chisme entre vecinos, y algunas por curiosidad, otras por conocimiento terminaron firmando el petitorio 300 mujeres del pueblo que no dudaron en ir a golpear la puerta de don Rodríguez, el intendente de San Gervacio reclamando ser atendidas.
Don Rodríguez quedó boquiabierto, y sin palabras. No era posible razonar con ellos. Pero cuando los hombres del pueblo cansados de esperar que sus mujeres levantaran la huelga de 72 hs sin esperanzas de cambio, golpearon a su puerta y tuvo que hacer algo. Hasta su mujer estaba de huelga.
Citó a Eva y dos huelguistas más a su despacho y los escuchó.
El planteo era simple. Un sueldo para cada ama de casa del pueblo y si es posible del país.
Don Rodríguez, no puedo más que reírse -¡Que locura!- Fue su frase más creativa y los despidió como vinieron.
Indignada, Eva, supo que debía patear el tablero.
Sacudir a los poderosos de sus sillones, revelar al resto de las mujeres que, como ella, solo sabían atender sus hogares. Luchar como lo hacía cada día, por aquello en lo que creía.
-¡Vamos a la tele! ¡Y al diario, también!-
En pocas horas, la Patagonia toda sabía de Eva. De sus intenciones y de su lucha invitando a quienes quisieran unirse a ésta idea.
Habían pasado solo dos días y ya golpeaban a la puerta de la Iglesia, los representantes de Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Neuquén.
Pero grande fue la sorpresa, cuando a media noche, de cumplir una semana de huelga, llegó una camioneta con una unidad móvil de Canal 13. -¡Nos van a escuchar en la Capital!-
Eso hizo que se olvidara que les habían cortado la luz por orden de don Rodríguez, ya casi no quedaba nada para comer, y lo poco que les llegaba, se los traía como contrabandista Juancito, el verdulero.
-¿Y quién da la entrevista? ... ¡Eva!-, gritaron todos al mismo tiempo.
Se alisó el cabello, se acomodó el vestido y sin dudar le explicó al periodista, todos y cada uno de los motivos que la llevaron hasta allí.
Ella no tenía títulos ni nada de eso, pero tenía la fuerte convicción de que su trabajo debía valer algo. Debía ser reconocido.
Los aplausos de la multitudinaria hinchada femenina y hasta los tímidos silbidos de aceptación de algunos hombres curiosos, casi no dejaron escuchar el final de la entrevista.
El rating de la nota, hizo el resto.
El canal 13 les pago a Eva y al resto de las representantes provinciales, el pasaje a Buenos Aires.
Una de ellas tenia familia en la capital y pudo albergarlas, peor vivir de prestado casi dos meses fue muy duro. Y sin sueldo, -¡Ni que hablar!-.
Luego de quince días de espera, el Ministro de Trabajo las atendió y sin darles demasiadas esperanzas prometió llevar el proyecto a la cámara de diputados.
A Eva le parecía que ese día nunca llegaría. Pasaron 45 días para que esto sucediera ... y una mañana, se despertó con la gran noticia: el proyecto “UN SUELDO PARA LAS EVAS” , era ley.
Ella misma no lo creía. Era la primera heroína del siglo XXI.
En el viaje de vuelta recordaba a sus hijos. ¿La extrañarían?. Y Camilo, -¡Cuanta vergüenza le hice pasar!, ¿Qué pensara de mi?-.
La respuesta no se hizo esperar. Todo el pueblo la recibió con un so grito: -¡Eva, Eva, Eva!.
Eva ya no era la misma. Ahora Eva tenía un título: “AMA DE CASA”, y mientras tejía al lado del horno, pensaba que se iba a poner el viernes para ir al banco, a retirar su primer sueldo.